domingo, 1 de marzo de 2009

Y no lo vi...



Y no lo vi...

Cierto día a la salida del trabajo me dirigí hacia mi vehículo, pero cuando activé el botón para quitar la alarma no funcionó y el carro no encendió, así que abrí la compuerta para ver el motor a ver si pasaba algo malo, pero como la mayoría de mujeres no tenía ni la menor idea de que estaba pasando. Así que me quedé de pie pensando que hacer; esperé un tiempo y después de realizar un par de llamadas concluí que la persona que me llegaría a auxiliar se tardaría en llegar, gracias a Dios no estaba a media calle, sino todavía en el parqueo y podía esperar. Pasaron los primeros 30 minutos observando gente pasar, unos caminando tranquilamente, otros casi corriendo, nadie vio o tampoco preguntó si necesitaba ayuda, pasaron otros 30 minutos, una hora más hasta que una persona especial que yo les llamo Ángeles de Dios no se fue tranquila hasta estar segura de que tenía la asistencia mecánica que necesitaba.

Nada de lo que nos pasa, sea bueno o malo pasa por casualidad, pues esto me hizo pensar que a todos nos pasa y cuantas veces pasé al lado de mi prójimo y no lo vi.
· Cuantas veces en su silencio necesitaba una palabra de aliento...y no lo vi.
· Cuantas veces me extendiste tu mano al pasar, y no la vi.
· Cuantas veces recibí un correo una llamada pidiendo oraciones, y no lo vi.
· Cuantas veces con una mirada pediste mi auxilio..y no lo vi.
· Cuantas veces me di cuenta que estabas enfermo y no acudí.

En fin, no sé el número exacto, pero Dios si lo sabe, pues es a él a quien no vi y a pesar de eso él me sigue viendo y no me ha desamparado.

No dejemos que nuestras reuniones, el tiempo que no nos alcanza, nuestros problemas personales, familiares, políticos o económicos conviertan a los que nos rodean en personas invisibles, abramos nuestros ojos físicos pero sobre todo los ojos del corazón.

Escrito por: Susana Rocío Mejía García ®
viernes, 27 de febrero de 2009